Crónicas de viaje. Impresiones de un corresponsal español

Si por algo es conocido Julio Camba es justamente por su faceta de cronista viajero, por haber descollado en un género cultivado por escritores de la talla de Azorín, Josep Pla, César González-Ruano, Rubén Darío o Enrique Gómez Carrillo. Como pone de manifiesto esta antología –creada ex novo por Francisco Fuster bajo el título de Crónicas de viaje–, Camba no ejerció nunca como el turista que visita los lugares de interés recomendados por las guías. Su ideal fue el del flâneur ocioso. Su filosofía, «escéptica y peripatética», la del hombre-sándwich: el que «no hace nada», el que solo «anda, callejea, curiosea, huele…». Camba fue un español que recorrió el mundo en un viaje interior al centro de su propia persona, trabajando durante más de dos décadas como enviado especial de los principales periódicos españoles de la época: El Mundo, La Correspondencia de España, La Tribuna, ABC o El Sol.Esta antología ofrece al lector las ciento cincuenta mejores crónicas publicadas por el periodista gallego, incluyendo varias decenas de ellas –rescatadas de la hemeroteca– que permanecían inéditas en formato libro y se publican ahora por primera vez, agrupadas en una serie de capítulos que giran en torno a las distintas ciudades en las que Camba trabajó como corresponsal de prensa.

Como pone de manifiesto esta antología –creada ex novo por Francisco Fuster bajo el título de Crónicas de viaje–, Camba no ejerció nunca como el turista que visita los lugares de interés recomendados por las guías.

Si por algo es conocido Julio Camba es justamente por su faceta de cronista viajero, por haber descollado en un género cultivado por escritores de la talla de Azorín Josep Pla, César González-Ruano, Rubén Darío o Enrique Gómez Carrillo.

Julio Camba (Villanueva de Arosa [Pontevedra], 1884 – Madrid, 1962) es hoy uno de los grandes escritores del siglo XX, aunque apenas publicó novelas y la mayor parte de su obra fue inspirada y alimentada por el periodismo. Culto y al mismo tiempo asequible para todo tipo de lectores, elegante y dueño de un sentido del humor radicalmente inteligente, se ganó a los principales escritores de su época, desde Azorín, que lo ensalzó en un artículo de abc, hasta Pío Baroja. Amigo del anarquista Mateo Morral, con quien compartió más ideas que bombas, Camba colaboró con los principales medios de comunicación españoles, de los que fue corresponsal en Constantinopla, París, Londres, Berlín y Nueva York. Desde algunas de estas capitales cubrió la Primera Guerra Mundial y el crack de 1929 que hundió la economía norteamericana. Entre sus libros destacan Playas, ciudades y montañas (1916), Londres (1916), Un año en el otro mundo (1917) , La rana viajera (1920), Aventuras de una peseta (1923), El matrimonio de Restrepo (1924), Sobre casi todo y Sobre casi nada (ambos de 1928), La casa de Lúculo (1929), La ciudad automática (1933) y Haciendo de República (1934). En 1951 obtuvo el premio Mariano de Cavia y durante años se le consideró el periodista mejor pagado de España. En 1949 se instaló en la habitación 383 del Hotel Palace de Madrid, en donde residió durante los últimos doce años de su vida.

Camba no ejerció nunca como el turista que visita los lugares de interés recomendados por las guías

 

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Si por algo es conocido Julio Camba es justamente por su faceta de cronista viajero, por haber descollado en un género cultivado por escritores de la talla de Azorín, Josep Pla, César González-Ruano, Rubén Darío o Enrique Gómez Carrillo. Como pone de manifiesto esta antología –creada ex novo por Francisco Fuster bajo el título de Crónicas de viaje–, Camba no ejerció nunca como el turista que visita los lugares de interés recomendados por las guías. Su ideal fue el del flâneur ocioso. Su filosofía, «escéptica y peripatética», la del hombre-sándwich: el que «no hace nada», el que solo «anda, callejea, curiosea, huele…». Camba fue un español que recorrió el mundo en un viaje interior al centro de su propia persona, trabajando durante más de dos décadas como enviado especial de los principales periódicos españoles de la época: El Mundo, La Correspondencia de España, La Tribuna, ABC o El Sol.Esta antología ofrece al lector las ciento cincuenta mejores crónicas publicadas por el periodista gallego, incluyendo varias decenas de ellas –rescatadas de la hemeroteca– que permanecían inéditas en formato libro y se publican ahora por primera vez, agrupadas en una serie de capítulos que giran en torno a las distintas ciudades en las que Camba trabajó como corresponsal de prensa.

Como pone de manifiesto esta antología –creada ex novo por Francisco Fuster bajo el título de Crónicas de viaje–, Camba no ejerció nunca como el turista que visita los lugares de interés recomendados por las guías.

Si por algo es conocido Julio Camba es justamente por su faceta de cronista viajero, por haber descollado en un género cultivado por escritores de la talla de Azorín Josep Pla, César González-Ruano, Rubén Darío o Enrique Gómez Carrillo.

Julio Camba (Villanueva de Arosa [Pontevedra], 1884 – Madrid, 1962) es hoy uno de los grandes escritores del siglo XX, aunque apenas publicó novelas y la mayor parte de su obra fue inspirada y alimentada por el periodismo. Culto y al mismo tiempo asequible para todo tipo de lectores, elegante y dueño de un sentido del humor radicalmente inteligente, se ganó a los principales escritores de su época, desde Azorín, que lo ensalzó en un artículo de abc, hasta Pío Baroja. Amigo del anarquista Mateo Morral, con quien compartió más ideas que bombas, Camba colaboró con los principales medios de comunicación españoles, de los que fue corresponsal en Constantinopla, París, Londres, Berlín y Nueva York. Desde algunas de estas capitales cubrió la Primera Guerra Mundial y el crack de 1929 que hundió la economía norteamericana. Entre sus libros destacan Playas, ciudades y montañas (1916), Londres (1916), Un año en el otro mundo (1917) , La rana viajera (1920), Aventuras de una peseta (1923), El matrimonio de Restrepo (1924), Sobre casi todo y Sobre casi nada (ambos de 1928), La casa de Lúculo (1929), La ciudad automática (1933) y Haciendo de República (1934). En 1951 obtuvo el premio Mariano de Cavia y durante años se le consideró el periodista mejor pagado de España. En 1949 se instaló en la habitación 383 del Hotel Palace de Madrid, en donde residió durante los últimos doce años de su vida.

Información adicional

Autor

Julio Camba

Editorial

Fórcola

Edición

Colección Periplos, 9, Edición de Francisco Fuster, Prólogo de Antonio Muñoz Molina

Páginas

368

ISBN

978-84-15174-84-4

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