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Aquel día

«Conservo recuerdos de todas mis fotografías, todas ellas conforman la urdimbre de mi vida y a veces, por supuesto, se hacen señas unas a otras a lo largo de los años. Se responden, dialogan, tejen secretos». Artista luminoso, tierno y generoso, a través de más de cincuenta fotografías acompañadas de sus propios textos, el gran fotógrafo humanista Willy Ronis esboza su semblanza. A los noventa y seis años, su memoria es impecable: rememora cada instante, cada cambio de la luz; lo acompañamos en sus viajes, en sus paseos por las calles de París, por las orillas del Marne o por un pequeño pueblo del sur de Francia, donde vivió unos años con su familia. Aquel día es un autorretrato al estilo del Me acuerdo de Perec. Sus fotografías son momentos detenidos de la vida, pero también la narración del día en el que se tomaron o el relato que se esconde tras las personas que en ellas aparecen. En todas partes, en un rostro, en la sombra de una pareja detrás de una cortina, en el trote alegre de un niño, en un paso de baile, en una multitud o en una escalera en Montmartre una mañana de invierno, nos regala una historia, una escena, un poema. A través de estos breves fragmentos de cotidianidad, Ronis explora su ser más íntimo, su talento como fotógrafo y como narrador, pero también consigue embarcarnos en un viaje a la memoria colectiva de todo un país. Un pequeño tesoro que nos muestra los bastidores de la inspiración y el entusiasmo de un artista apasionado que comparte con nosotros su mirada deslumbrante.

«Viendo todas estas fotos, soy consciente de que me quedo con lo cotidiano, con mi realidad cotidiana, pero así soy yo. No soy novelista, no puedo inventar, lo que me interesa es lo que tengo ante los ojos. Lo más difícil es lograr aprehenderlo. Estas fotos no me resultan misteriosas, pero todas me remiten a un momento preciso, de pura emoción, y es ese instante lo que trato de encontrar cuando me detengo en cada una de ellas».

Willy Ronis (París, 1910-2009). Figura clave de la fotografía del siglo XX, transmitió la realidad poética de la Francia de posguerra en icónicas imágenes en blanco y negro, muchas de las cuales han dado la vuelta al mundo. Aunque de joven quiso ser compositor (su madre era pianista y toda la familia era melómana), su padre, que tenía un estudio fotográfico en Montmartre, le regaló una cámara al cumplir quince años. El convencionalismo de los retratos posados no le interesaba; sin embargo, a los veintidós y durante cuatro años muy «tristes» (como los definió el propio Ronis), después de que a su padre le diagnosticaran un cáncer, se hizo cargo del negocio, pues la economía familiar dependía por completo de él. No obstante, soñaba ya con reportajes, con el bullicio de las calles, de la vida, con esa otra fotografía a la que tenía acceso gracias a las exposiciones internacionales organizadas por la Société Française de Photographie. Cuando en 1936 liquidó el estudio, muy pronto empezó a hacer fotografías que consiguió vender a algunas de las publicaciones más importantes de la época.

Junto a Henri Cartier-Bresson, Izis, Robert Doisneau y Brassaï, dio origen al movimiento de los fotógrafos humanistas, siempre atentos a la vida cotidiana –escenas callejeras, barrios de París, el mundo del trabajo…–, buscando transmitir una emoción, una mirada benevolente. Ronis define la escuela humanista como «la mirada del fotógrafo que ama al ser humano». Ya en 1953, el gran fotógrafo, pintor y director de la sección de fotografía del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), Edward Steichen, los reunió a todos en una muestra titulada Five French Photographers [Cinco fotógrafos franceses]. También eligió sus obras para que en 1955 formaran parte de la más ambiciosa e icónica de las exposiciones de fotografía del siglo xx: The Family of Man [La familia del hombre].

Recibió muchos premios, incluida la Medalla de Oro de la Bienal de Venecia en 1957, el Grand Prix des Arts et Lettres y el Prix Nadar. En 2005, la ciudad de París le dedicó una retrospectiva que tuvo un gran éxito y lo confirmó como uno de los más grandes fotógrafos contemporáneos.

Una «búsqueda sincera y apasionada de la belleza modesta de la vida cotidiana».

Aquel día

26,50

Una «búsqueda sincera y apasionada de la belleza modesta de la vida cotidiana».

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Descripción

«Conservo recuerdos de todas mis fotografías, todas ellas conforman la urdimbre de mi vida y a veces, por supuesto, se hacen señas unas a otras a lo largo de los años. Se responden, dialogan, tejen secretos». Artista luminoso, tierno y generoso, a través de más de cincuenta fotografías acompañadas de sus propios textos, el gran fotógrafo humanista Willy Ronis esboza su semblanza. A los noventa y seis años, su memoria es impecable: rememora cada instante, cada cambio de la luz; lo acompañamos en sus viajes, en sus paseos por las calles de París, por las orillas del Marne o por un pequeño pueblo del sur de Francia, donde vivió unos años con su familia. Aquel día es un autorretrato al estilo del Me acuerdo de Perec. Sus fotografías son momentos detenidos de la vida, pero también la narración del día en el que se tomaron o el relato que se esconde tras las personas que en ellas aparecen. En todas partes, en un rostro, en la sombra de una pareja detrás de una cortina, en el trote alegre de un niño, en un paso de baile, en una multitud o en una escalera en Montmartre una mañana de invierno, nos regala una historia, una escena, un poema. A través de estos breves fragmentos de cotidianidad, Ronis explora su ser más íntimo, su talento como fotógrafo y como narrador, pero también consigue embarcarnos en un viaje a la memoria colectiva de todo un país. Un pequeño tesoro que nos muestra los bastidores de la inspiración y el entusiasmo de un artista apasionado que comparte con nosotros su mirada deslumbrante.

«Viendo todas estas fotos, soy consciente de que me quedo con lo cotidiano, con mi realidad cotidiana, pero así soy yo. No soy novelista, no puedo inventar, lo que me interesa es lo que tengo ante los ojos. Lo más difícil es lograr aprehenderlo. Estas fotos no me resultan misteriosas, pero todas me remiten a un momento preciso, de pura emoción, y es ese instante lo que trato de encontrar cuando me detengo en cada una de ellas».

Willy Ronis (París, 1910-2009). Figura clave de la fotografía del siglo XX, transmitió la realidad poética de la Francia de posguerra en icónicas imágenes en blanco y negro, muchas de las cuales han dado la vuelta al mundo. Aunque de joven quiso ser compositor (su madre era pianista y toda la familia era melómana), su padre, que tenía un estudio fotográfico en Montmartre, le regaló una cámara al cumplir quince años. El convencionalismo de los retratos posados no le interesaba; sin embargo, a los veintidós y durante cuatro años muy «tristes» (como los definió el propio Ronis), después de que a su padre le diagnosticaran un cáncer, se hizo cargo del negocio, pues la economía familiar dependía por completo de él. No obstante, soñaba ya con reportajes, con el bullicio de las calles, de la vida, con esa otra fotografía a la que tenía acceso gracias a las exposiciones internacionales organizadas por la Société Française de Photographie. Cuando en 1936 liquidó el estudio, muy pronto empezó a hacer fotografías que consiguió vender a algunas de las publicaciones más importantes de la época.

Junto a Henri Cartier-Bresson, Izis, Robert Doisneau y Brassaï, dio origen al movimiento de los fotógrafos humanistas, siempre atentos a la vida cotidiana –escenas callejeras, barrios de París, el mundo del trabajo…–, buscando transmitir una emoción, una mirada benevolente. Ronis define la escuela humanista como «la mirada del fotógrafo que ama al ser humano». Ya en 1953, el gran fotógrafo, pintor y director de la sección de fotografía del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), Edward Steichen, los reunió a todos en una muestra titulada Five French Photographers [Cinco fotógrafos franceses]. También eligió sus obras para que en 1955 formaran parte de la más ambiciosa e icónica de las exposiciones de fotografía del siglo xx: The Family of Man [La familia del hombre].

Recibió muchos premios, incluida la Medalla de Oro de la Bienal de Venecia en 1957, el Grand Prix des Arts et Lettres y el Prix Nadar. En 2005, la ciudad de París le dedicó una retrospectiva que tuvo un gran éxito y lo confirmó como uno de los más grandes fotógrafos contemporáneos.

Información adicional

Autor

Willy Ronis

Traducción

Regina López Muñoz

Edición

Octubre 2021

Editorial

Periférica & Errata naturae

Formato

Tapa dura. Sobrecubierta ilustrada, 16,5 x 21 cm

Páginas

152

ISBN

978-84-18838-11-8

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