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Ya no sé cómo explicarlo

Ya no sé cómo explicarlo

Por Fidel Raso/ Fotografías. Fidel Raso

En febrero de 1991 la juventud cubana celebraba el 32 aniversario de la Revolución con un eslogan que decía: «Morir por la Patria es Vivir». El diario local-nacional-internacional Granma recogía las palabras de Roberto Robaina, secretario general de las Juventudes Comunistas y acotaba el fervor juvenil de la siguiente manera, con un sí, pero no: «Sí, estamos dispuestos a morir, pero hace falta no morirse, hace falta seguir vivos para defender la Revolución».

Por esas mismas fechas, en marzo, se manifestaban en Madrid 40.000 estudiantes (según datos de los organizadores) para protestar por la intervención española en el conflicto de Irak-Kuwait. Exigían que el dinero que iba a ser destinado al asunto se utilizara en la enseñanza. Pero además de en Madrid, también hubo protestas de jóvenes en otras capitales españolas, gritaban, fundamentalmente, que no querían ser carne de cañón. Al final de las protestas, un grupo muy minoritario pasó a destrozar cristaleras de bancos, a amenazar con romper las de autobuses, e incluso hubo algún sopapo entre los de la bronca y los que no la querían.

En realidad ya había cierto nerviosismo social, debido a que llegaban a la capital de España los primeros civiles que residían en la zona del Golfo. Llegaban a las 11 de la noche del 11 de enero a bordo de un avión Hércules de la fuerza aérea española. El pasaje civil lo componían seis mujeres y cuatro niños, a los que se sumaban 8 cabos del ejército. Al bajar del avión declararon a la prensa que la situación era de «extrema gravedad» y la Oficina de Información Diplomática, que ya lo sabía, puso el número de teléfono 526 60 25 para ofrecer a los afectados «detalles de la operación de evacuación». No ha constado que se hiciera, a o desde Cuba, ninguna llamada.

Por cierto, hablando de manifestaciones, también hubo otra en Madrid de la Asociación de Trabajadores e Inmigrantes Marroquíes (ATIME), de la que no se dio cifra, porque no eran muchos, pero ellos iban a lo pacífico y a criticar que la guerra era «una agresión imperialista contra Irak». Punto. Hubo alguna declaración a la prensa, pero con petición de anonimato.

Perdón, que se me había olvidado que las centrales sindicales CCOO, USO, y CGT también convocaron un paro de un día al que respondieron, según ellos, dos millones de trabajadores.

Pero el plato fuerte español no se situaba en las bellas calles madrileñas, sino en la bases militares (más o menos) norteamericanas situadas en Rota y el aeropuerto de Torrejón. Había claridad mutua entre ambos países: «Moralmente, no puedo hacer otra cosa que dar todo el apoyo logístico a la fuerza multinacional (Felipe González, presidente de Gobierno). «El acuerdo con España no crea ningún problema a la política nuclear de EE UU ni a sus operaciones militares» (Frank Carlucci, secretario de Defensa estadounidense).

He empezado esta crónica citando a Cuba y voy a añadir, viajando a miles de kilómetros de distancia, que también por esas mismas fechas Nelson Mandela y Buthlezi, líderes enfrentados en el movimiento antiapartheid en Sudáfrica, se reunían en un hotel de Durvan y se deshacían de sus discrepancias junto al faro del fin del mundo. Y eso que allí hay más etnias que partidos políticos en Europa, tantos, como idiomas oficiales, 11: sesoto, xitsonga, suazi, zulú, xhosa…

Bueno, gracias por su atención y paciencia infinita para leer esto, yo me retiro ahora, voy a ver en la tele al de la cara naranja con gorra por si me regala un bailoteo sobre tabla popular.

Paz para todos: Salóm, Salam, Paz…, de una pu…vez.

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2 comentarios

  1. Bien una vez más por el amigo Fidel. Cuando de pequeño jugaba a indios y americanos, tenía bastante claro quienes eran los buenos y los malos; además en la pandilla nos tocaba hacer unas veces de indios y otras de americanos. Luego la cosa se fue complicando cuando los chavales mayores empezaron a calentarme la cabeza con que en realidad los indios eran los americanos porque ya estaban allí y los americanos de las pistolas y vaqueros eran de todo el mundo. Luego lo de Cuba, todo el mundo quería ser El Guevara, y me encantaba la canción de “cuéntame otra vez papá”; pero luego resulta que se hacen dictadores, en fin un sin vivir. Yo tampoco sé qué pensar ya, lo mismo tengo que volver a ser pequeño y una vez jugar de indio y otra de americano. Amigo Fidel, yo también me voy a ver la tele, pero voy a ver a las chicas de la selección de fútbol, que creo que van ganando el partido, al menos aquí si tengo claro que quiero que ganen mis chicas. A lo mejor esta frase es un poco machista, tampoco lo tengo claro, en fin, que gane la selección de fútbol femenino de España. Enhorabuena amigo Fidel.

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