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Matemáticas para invasiones

Matemáticas para invasiones

Por Fidel Raso/ Fotografías: Fidel Raso

Los algoritmos, esos conjuntos que sirven para cálculos y proceso de datos han invadido la política y la cosa militar. En matemáticas se decía, por lo menos cuando yo estudiaba, hasta logaritmos, que el orden de factores no alteraba el producto. No sé, no sé… Pongamos un ejemplo para niños: 2×3 es igual a 6, de la misma manera que 3×2 también es igual a 6. Ahora pongamos otro ejemplo, en este caso para mayores: tenemos unos algoritmos combinados a los que llamaremos Sadam-Bush, y Donald- Jamenei. Con ellos podremos asegurar que igualmente el cambio de posiciones parece no alterar el conflicto. Perdón, el resultado.

Nuestro planeta que, visto desde el espacio exterior, no es más que un pedrusco dando vueltas, puede que se esté cansando de estos bichos terráqueos atontados que caminan sobre su corteza exhibiendo plutonio; cuando hace ¡booom!, el elemento radiactivo deja a los humanos derretidos, como en un juego entre gentes con cerebro reducido e IA de sustitución en su ordenador político-matemático.

Recordaba en mi relato de ayer que la primera guerra del Golfo empezó el 2 de agosto de 1990 y acabó el 28 de febrero de1991, cuando George Bush, presidente de EEUU, anunciaba, en un alarde de oratoria, que Irak había sido «liberado» y que los «objetivos» de la coalición multinacional se habían «conseguido». La foto que ilustraba la mayoría de las portadas de los periódicos era una escena casi de amor, de cariño mutuo entre norteamericanos y kuwaitíes que se abrazaban mirando a cámara como si se hubieran conocido de toda la vida o fueran familia. Años después se destapó que algunas noticias habían sido falsas, como que en Irak no hubo nunca armas de destrucción masiva, vaya. Hola y adiós.

Durante los siete meses que duró el conflicto, la ONU, esa organización que a nivel teórico evita guerras, produjo doce resoluciones. Veamos su esencia:

La 660: Condenaba la invasión y exigía la retirada.

La 661: Proponía castigar comercialmente a los malos.

La 662: Aseguraba que era nula la anexión de Kuwait.

La 664: Se debía liberar a los extranjeros y abrir las embajadas.

La 665 La ONU recurría (enfadada) a la fuerza naval para reforzar el embargo.

La 666: Exige que haya suministros de comida y medicinas.

La 667: Condena los saqueos iraquíes a las embajadas.

La 669: Que se evaluasen las pérdidas de terceros países.

la  670: Prohibido el tráfico aéreo con Irak y Kuwait.

La 674: Irak debía «someterse» a lo internacional.

La 677: Un registro de la población en Kuwait ante de la invasión.

La 678: Irak debe retirarse de Kuwait, más o menos…¡Ya!

Así, y como producto de tanta resolución, la ONU obtuvo varias aclamaciones y ocurrió algo malo: se lo creyó. De la misma manera, el presidente Bush acabó «encantado» con su «potencial militar» y lo demostró con un enérgico apretón de manos con el general Maxwell Thurman, un super jefe militar que previamente había recibido la orden política de que no podía meterse «en otro Vietnam». Así le dejaron la barra libre para avanzar.

Fotos hubo pocas, terribles muchas. Se habló de iraquíes enterrados en sus propias trincheras cuando las divisiones acorazadas de los marines cambiaron los carros de combate por máquinas excavadoras que avanzaban echándoles tierra.

Así, se llegó a la paz. Yo mismo estuve en el norte de Irak con prisioneros iraquíes a los que mantenían bajo la escasa sombra de un puñado de árboles.

Acabada la destrucción, venía otra cosa que recogía la prensa internacional, esta, de contenido económico: «Los aliados se preparan para el negocio del siglo», decía un titular. En las páginas interiores, se entraba al detalle, informando de que el arreglo podría costar, para unos, los

100.000 millones de dólares de aquel año 1991 y para el jeque Salem Al Sabah, gobernador del Banco Central de Kuwait, según declaraba al diario parisino Le monde, la cifra llegaría hasta los 500.000 millones de dólares.  Un prestigioso diario de difusión nacional publicaba el 24 de febrero otro elocuente titular: «La ruina es oro». Hubiera quedado mejor ponerlo en mayúsculas o no decir nada. La prensa del momento también recogió que el Grupo estatal kuwaiti de inversiones exteriores invertiría en España  7.000 millones (de dólares). Nos tocó la pedrea.

¡Petróleo!, ¡que no te enteras!, se le podría decir cariñosamente al amable lector de estas líneas, y todo porque cuando se descubrió el pe-tró-leo, en la década de los años 30 del siglo pasado, resulta que Irak, Kuwait y Gran Bretaña andaban ya tonteando por el territorio. Así, hasta que la familia Al Sabah se quedó con el negocio mil millonario. Según el periodista J. Becker, del diario The Guardian, el clan lo componían 2.000 personas. Muchos a mantener.

Para ir terminando, y ya dejando el tema del petróleo, los algoritmos y tal, he de decir que hubo un gran error por parte de Sadam cuando los sedientos de combustibles fueron a por las gasolineras para enchufarse gratis y a él no se le ocurrió otra cosa que, dirigiéndose a su pueblo micrófono en mano, gritar: ¡Iraquíes, nos hemos enfrentado a 30 países y ganamos! Las matemáticas algunas veces fallan

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2 comentarios

  1. Como siempre, Fidel apunta fino en sus algoritmos, el orden altera el producto; eso lo aprendí pronto en las primeras clases de matemáticas dependiendo si las daba la Srta Rosa o su tío D. Antonio Berruguete, Director del colegio y profesor de todo menos de gimnasia. Me tenía aprecio y , claro, ya sabemos el refrán intentó hacerme llorar, pero no lloro precisamente por los golpes, sí por cosas más sencillas como las que describe el amigo Fidel. Entre el pragmatismo de Quijote Vasco y la gracia sin descubrir andaluza anda mi buen amigo. Enhorabuena.

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