Hasta el incendio que viene
Por Fidel Raso
Propongo registrar en la Real Academia de la Lengua la frase que lleva esta opinión en su titular y que quede como saludo híbrido entre los irónicos por impotencia explicativa y los terraplanistas que siguen en la carabela de Colón. Se podría añadir un «y tú que lo veas» como saludo de despedida.
Frivolizar con esto no es serio, pero es lo que puede pasar ante la desesperación de convivir con esos homínidos resistentes a leer un libro.
Como el espacio es breve, breves serán las citas y las reflexiones de gente que sabe dónde pisa y la fragilidad del planeta en el que vive.
El filántropo Bill Gates, cuyo nombre es de alcance global, dijo en 2021 que
era «muy obvio» que el mundo «no toma en serio la crisis climática» y que los gobernantes «lo escuchan, pero no le hacen mucho caso». También lanzó un aviso: «La temperatura aumenta sin cesar y no hay plan alguno para detenerlo. Transformará la vida en el planeta».
Eudald Carbonell, uno de los tres científicos de Atapuerca, declaraba en una entrevista en 2022 que nos dirigimos «al colapso de la especie humana por una globalización mal hecha».
Guarden en la memoria el año 2015. Es importante ya que se firmaron en París, entre países desarrollados y otros en desarrollo, unos compromisos ambientales para frenar el temido punto de no retorno. Para salvar, sí, salvar, el planeta.
Allí se dejó claro que entre los «ecosistemas vulnerables» se encontraba el sur de España, con «más olas de calor, incendios y disminución de los recursos hídricos». Les invito a que lean el informe «El cambio climático en España. Estado y situación». Ese documento se escribió en 2015, y hoy, ya en 2026, puedo imaginarme que se tiró a la papelera en muchos despachos con responsabilidad sobre la cosa.
Ustedes pueden decir que el ejemplo de Andalucía es vulgar porque en verano «siempre hace calor». Bueno, pues vayamos a Canadá, al pequeño pueblo de Lytton, donde en junio de 2022 se alcanzaron los 46,6 grados centígrados, que en unos días, pasaron a ser 49,6, según informaba El País. Posteriormente, Lyton fue arrasado por el fuego.
Hablando del continente norteamericano, podían también leer el libro La tierra en Juego, escrito por Al Gore, vicepresidente de EEUU en 1992. La página 47 empieza de la siguiente manera: «Tal vez más peligrosa para la integridad del medio ambiente que las propias amenazas estratégicas, sea nuestra manera de percibirlas. De hecho, la mayor parte de la gente se resiste a aceptar la extrema gravedad de la crisis».
No quisiera terminar este suspiro rabioso sin mi agradecimiento a todos los que están luchando para contener los incendios y ayudando a los afectados directos en todo lo posible.
A los queridos disidentes del espíritu de este texto, una profecía cariñosa y calurosa: nOs veremos en el infierno.